OSITOS RECICLADOS
La noticia era esperada desde hacía varias semanas en el gran almacén de juguetes, aunque adivinada y temida, conocerla resultó toda una bomba.Los ositos de peluche estaban alborotados, gritaban, lloraban de rabia, no podían creer lo que acababan de escuchar.
El dueño de aquel almacén mágico había dado la orden al encargado de que esa misma semana quería ver ese rincón del almacén vacío de ositos, no se vendían desde hacía muchos meses y ocupaban un gran espacio. Tenía que tirarlos al basurero, enterrarlos entre desperdicios de mondas de manzanas, plásticos salvajes y restos domésticos de cuanto tiraban todos los vecinos en aquellos camiones de basura.
Cietamente aquel lugar resultaba ser mágico, estaba repleto de juguetes: mecanos y muñecas, coches telegirigidos y personajes de Disney, castillos y artilugios de las galaxias; todo ello mezclado con puzzles y muchos patinetes. Los juguetes siempre son mágicos porque desarrollan la fantasía de los niños y también de las niñas. Aunque en esos momentos allí, en el almacén, no había magia, más bien se avecinaba la tragedia.
Aquella tarde vino de visita al almacén Marta, era la hija menor del encargado de aquella gran instalación. Cuando supo Marta que podía escoger dos o tres ositos de peluche para llevarlos a casa porque todos los demás serían cargados al día siguiente en el camión de la basura, se apenó mucho. Su reacción fue igual que la de los propios ositos: lágrimas en los ojos. Toda aquella maravilla a la basura porque le daba la gana al dueño. No tenía hijos, era un gruñón al que sólo importaba el dinero, seguro que no había jugado con un osito de peluche en su vida.
Quien no ha jugado nunca con un osito de peluche ignora que tienen vida, pueden hablar con nosotros, darnos un consejo, alegrarnos una tarde, servir de regalo en una fiesta de cumpleaños, incluso utilizarlo de almohada en el coche cuando hacemos un viaje largo.
Marta, que era una niña muy inteligente de primer curso de Primaria, pensó que les tenía que ayudar a los ositos. Había oido en el cole que no siempre hay que tirar cosas a la basura que, en ocasiones, pueden reciclarse, darles otro uso para que sigan siendo útiles, además de no contaminar el medio ambiente. ¿Qué hacer?.
Marta habló con su padre, el encargado del almacén, para convencerle de que había que salvar de la basura aquellos ositos de peluche. Tras un buen rato de charla acordaron que todos los ositos de color amarillento serían regalados al polideportivo municipal para que pudieran servir de cojines en las gradas durante los partidos de aquellos deportes con más asistentes.
Marta, contenta de su buena acción, se despidió de los ositos de peluche dándoles esta buena noticia y prometiendo que volvería al día siguiente para comprobar que a su padre no se le olvidaba lo acordado.
Tras marcharse Marta, la inquietud y el miedo volvieron al rincón de los ositos de peluche. Un gran oso de color marrón alzó la voz para protestar, sólo unos poquitos se salvarían ya que no había muchos ositos de color amarillento. Ahora se daban cuenta todos los peluches de esa gran verdad. Tenían que ingeniar algo para que todos pudieran salvarse.
El gran oso marrón, lleno de polvo, que seguro llevaba en aquel rincón del almacén más tiempo que nadie, les hizo una apropuesta a toda aquella asamblea de peluches.
Durante la noche tenían tiempo para teñirse todos de color amarillento.Él sabía cómo conseguir un color amarillento para todos y que al mismo tiempo no fuese igua. Harían tinte de color amarillo oro, de color membrillo, de color calabaza, de color melón, de color amarillo canario, de color amarillo oxidado, de color mostaza, de color hoja de otoño, de color miel, de color amarillo de sol,etc. Habían dado con la solución: ¡Todos de color amarillento!.
A la mañana siguiente Marta acompañó a su padre hasta el almacén, todos los empleados estaban asombrados. Los ositos de peluche eran todos de color amarillento. Los camiones de la basura tuvieron que marcharse y fueron sustituidoss por los camiones del almacén de juguetes que llevaron al polideportivo municipal todos los ositos de peluche.
¡Esta vez el reciclaje había ganado!. Seguirían con vida y siendo útiles durante otro largo tiempo.
Ángel López Jiménez.-Diciembre 2009.- Profesor Taller de Relatos